Tierra de contrastes, Extremadura constituye un destino idóneo para quienes quieren entrar en contacto con una realidad nueva, sorprendente y estimulante. Un viaje a través de ella se convierte en un verdadero paseo por la historia, marcando cada recorrido con distintos telones de fondo, con los cambios de unos paisajes a otros. ¡Vívela!
DOLMEN DE LÁCARA
En el término municipal de Mérida, se encuentra el dolmen del Prado de Lácara. Fue declarado Monumento Nacional de Interés Histórico Artístico en el año 1931, hoy tiene categoría de Bien Cultural y, puede encuadrarse históricamente en la época calcolítica, hace unos 5000 años y ha de vincularse a una serie de elementos, asentamientos y manifestaciones de la misma cronología, Aunque en la zona se conoce algún vestigio de ocupación paleolítica, no es hasta época calcolítica cuando comienzan a aparecer abundantes asentamientos en las inmediaciones, entre ellos los de Albarregas, el de Aljucén o el Camino de las Meriendas, o el de la Huerta del Murciano. También existe constancia de abrigos con pinturas rupestres como los de Los Conejos I y II, el Callejón del Peñón Amarillo o el abrigo del Helechal, entre otros, abrigos que contienen manifestaciones artísticas de tipo esquemático, en su mayoría de color rojo, que forman parte del amplio conjunto de manifestaciones parietales de la Comunidad Autónoma de Extremadura. Así mismo, existen sepulturas y enterramientos diseminados por el entorno de Lácara, como el Dolmen de la Cueva del Monje o Casa de la Moneda y la necrópolis del Prado de Lácara.
Los dólmenes son estructuras funerarias colectivas construidas entre el IV y el III milenio a. C, se ubican habitualmente cerca de los asentamientos de aquella época, asociados a lugares con idoneidad para las actividades de subsistencia de los clanes: la caza y la pesca. Estas construcciones se realizan mediante la colocación de grandes piedras trabajadas formando estructuras que después son recubiertas con una colina artificial formada de tierra y piedras de menor tamaño.
Dolmen de Lácara
Grandes piedras, también llamadas ortostatos, son dispuestas verticalmente para formar las paredes: la cubierta se realiza mediante colocación de lajas horizontales dándole a la construcción una techumbre plana. Hay varios tipos de estructuras dolménicas, redondas u ovaladas, con corredor o sin él. Lo que sí suele aparecer en muchos de ellos es el denominado anillo perimetral, que sería otra línea de ortostatos de menor tamaño que cerraría el túmulo por el exterior, dando más solidez a la estructura. En el interior, al ser enterramientos colectivos, se disponen las inhumaciones unas junto a otras, además de los ajuares funerarios, que normalmente están compuestos por elementos de la vida cotidiana, adornos e incluso elementos de carácter religioso.
El Dolmen de Lácara, es un sepulcro megalítico, tumular, de corredor, con anillo perimetral, se encuentra rodeado y medio enterrado por el túmulo, montículo artificial de forma elíptica. Está formado por ortostatos de gran tamaño hincados para formar las paredes de la galería del corredor y la cámara funeraria, conserva intacta la piedra de cierre de la entrada del corredor que mide 4,7 m. de largo y 1,7 m. de ancho. El corredor, de menor altura que la cámara, se mantiene prácticamente intacto. Está formado por tres tramos, el primero, denominado atrio de entrada o vestíbulo, y los dos siguientes, antecámaras, con una longitud total de 19,90 m. La separación de los dos espacios se realiza físicamente mediante dos monolitos a modo de jambas con una luz de 1,2 m. de ancho por 1,6 m. de alto, estarían colocadas en el centro exacto de la estructura, todo el corredor se ve cubierto por lajas que marcan cada uno de los tramos.
La cámara funeraria, también separada del corredor por dos monolitos, dispuestos a modo de jambas, es poligonal pero con clara tendencia a la forma circular, está formada por 7 grandes ortostatos dispuestos verticalmente sobre una pequeña zanja excavada en el suelo natural, todos ellos apoyan sobre la central repartiendo el peso de unos a otros, y, el diámetro de la cámara es de 5,10 m. La estructura se encontraba cubierta en su totalidad por ortostatos primero y después por el túmulo, pero actualmente la cámara y parte del corredor se encuentra descubiertos, o bien por fractura o bien por expolio del mismo, al haber sido utilizado el lugar como cantera, como se puede apreciar en las marcas dejadas por los picapedreros. El conjunto estaría cubierto por un túmulo formado por tierra y piedra, actualmente conserva el anillo perimetral destinado a conocer la tierra del montículo y delimitar el espacio funerario, dando así más consistencia y entidad a la estructura.
Este monumento arquitectónico de carácter funerario y de dimensiones considerables permite suponer un gran esfuerzo en su construcción, pues el proceso de realización es bastante complejo si se analizan los medios materiales de los que se disponía en la época. Los ortostatos o grandes bloques de piedra, de ahí el nombre de megalito, mega (grande) litos (piedra) eran trabajados en las canteras próximas al lugar escogido para construir el dolmen; se transportaban las piezas mediante troncos, sogas y tracción humana y animal; se preparaba una fosa de dimensiones adecuadas para soportar el peso de la piedra en vertical y se hincaba la pieza hasta formar las paredes. La cubierta de esta estructura se preparaba mediante la creación parcial del túmulo para formar una rampa por donde subirían las piezas que forman la tapa de la estructura, más tarde y una vez colocadas éstas, se procedía a la cubrición de todo el conjunto mediante una colina artificial de la altura que se deseara.
A pesar del mucho expolio sufrido por el yacimiento, las excavaciones realizadas pudieron documentar niveles de ocupación aún intactos que aportaron abundante material arqueológico, siendo destacables cuencos y vasos cerámicos, cuchillos de sílex y más de 100 puntas de flecha de gran tamaño, además de alabardas también de sílex, dos puntas de cobre, un ídolo placa decorado por ambas caras, una serie de colgantes y cuentas de collar, que formarían el ajuar personal de los individuos allí enterrados.