Tierra de contrastes, Extremadura constituye un destino idóneo para quienes quieren entrar en contacto con una realidad nueva, sorprendente y estimulante. Un viaje a través de ella se convierte en un verdadero paseo por la historia, marcando cada recorrido con distintos telones de fondo, con los cambios de unos paisajes a otros. ¡Vívela!
RUTA DE LOS VINOS
Extremadura cuenta con 77844 Ha. de viñedo aproximadamente (4850 Ha. en Cáceres y 72994 Ha. en Badajoz) divididas en seis comarcas vitivinícolas, que hoy se integran en la Denominación de Origen Ribera del Guadiana.
La gran extensión de nuestra Región permite que, cada comarca vitivinícola, posea unas variedades de uvas, condiciones de suelo y microclimas propios que aportan riqueza y, sobre todo, variedad a los distintos vinos que se integran en Ribera del Guadiana.
Junto a las tradicionales variedades de uva blanca (pardina, cayetana y montúa) se están plantando otras variedades, tanto blancas (macabeo), como tintas (cencibel y garnacha) muy extendidas en el viñedo nacional, y algunas variedades foráneas muy selectas (cabernet sauvignon, merlot o chardonnay. Esto permite una notable mejoría de nuestros caldos y, sobre todo, un futuro esperanzador en crianzas y reservas, abriendo un mercado que tradicionalmente se oriento a la producción de vinos jóvenes.
La ruta del vino está trazada más con el afán de no dejar fuera ninguna comarca que pensando en el viajero recorrerá una extensa zona del centro y sur de la región, rica y variada gastronómicamente.
Si partimos de Trujillo, ciudad hermosa y monumental, estaremos iniciando el camino en una de las cocinas más veneradas de esta tierra que conserva en muchos de sus fogones públicos la tradición y la esencia de nuestra cocina más auténtica: los huevos revueltos con trufas, la gallina trufada, el carnero verde o el frite de cordero.
En Almendralejo son famosas sus migas, sus sopas de tomate y sus pruebas de matanza.
En Aceuchal, como no podía ser de otra manera, la sopa de ajos y la sopa de antruejos, típica de carnavales e impresionante en su composición.
En Montánchez, la sopa de sangre y los huevos a la hortelana con una breve loncha de jamón serrano.
En Puebla de Sancho Pérez, el revuelto de trigueros; en Los Santos de Maimona, el bacalao a la cantina; en Fuente del Maestre, el adobo de guarrino y la caldereta de setas; en Villafranca de los Barros, el gazpacho y en Fuente de Cantos, el caldillo y la chanfaina, plato humilde construido con las piezas más pobres del cordero, pero que ha adquirido la categoría de excelencia y al que está hermosa localidad dedica una Fiesta el último domingo de Abril, en la que los más expertos compiten cada año en mostrar su arte en la realización de esta receta.
Todos los platos de la cocina extremeña se pueden y se deben acompañar con nuestros vinos, que caminan por una rápida y franca mejoría de la que hablan los muchos premios que obtienen, y el aprecio con el que son considerados en catas y certámenes.
No olvidemos tampoco, en algún momento de nuestro caminar por la ruta del vino, saborear un buen cava extremeño.